de manera inesperada e inoportuna,
pero preciosa.
En medio de tanto blanco apareciste tú
-tan azul-
con todo ese calor que desprendes
en este suelo tan frío.
Las flores no deben arrancarse nunca de MadreTierra,
pero tú eras más cometa
y volaste sola.
Quise arroparte entre mis brazos
con cuidado
para que no murieras congelada a falta de besos.
Tonta de mí.
Hacía tanto viento como en la canción de Sadness,
eras la calma en mitad de la tormenta
y el huracán se llevó todo por delante
y sólo quedaste tú
bailando sola
la canción más ridícula de la historia.
Entonces supe lo que era arder.
A partir de ahí te colaste en mi hogar
y lo hiciste tuyo.
Comenzamos a narrar nuestro cuento
sin darnos cuenta
en la cola de una firma de libros
que llegaron a número uno
en una semana.
Nos prometimos la Luna
un fin de semana de acampada
como si tuviéramos diez años
y muchas ganas de comernos el mundo.
En lugar de eso,
la Luna nos regaló estrellas en Vistillas
y la luz de la noche eres tú
y yo
no lo sabía.
Era el último día helado de Primavera de aquel año.
Al día siguiente salió el Sol
con Andrés de fondo
y contigo adentro.
Ardiendo.
Anoche me aconsejaste dejar de escucharle
para así dejar de pensar en ti.
Lo que tú no sabes
es que desde que me besaste en la mejilla
mi corazón bombea a ese ritmo
en que el tiempo se para
para que tus caricias se posen en mis hombros.
Que no pienso en ti cuando le escucho
que le escucho
para no dejar de pensar en ti.
29 de marzo de 2015
Una banda sonora de fondo y tus poemas. Mañana tengo examen y no he estudiado, por tu culpa.
ResponderEliminarGracias, ha sido genial.