Hoy nos he soñado felices
como siempre lo fuimos
hasta que dejamos de serlo.
Pero ahora
con todo este peso a cuestas
de que ha habido alguna vez en nuestras vidas
en que todo ha cambiado
y hemos dejado de sonreír juntos
para llorarnos de lejos.
Olvidar mi yo contigo es imposible.
Apareciste tatuaje en mi corazón sin darme cuenta.
Pero intentar pasar página
abandonar este libro
salirme del cuento en que,
protagonistas,
lo teníamos todo,
está siendo –casi-
lo más difícil que he hecho nunca.
Y nadie lo entiende.
Te ven sonreír y piensan que pueden preguntar cualquier cosa
a la ligera
creen que pueden debatir sobre tu cuento y sus finales
que pueden discutirte lo bueno y lo malo
y darte lecciones sobre qué tienes que hacer
y qué no.
Hoy nos he soñado felices
como nunca tuvimos que dejar de serlo.
Porque de verdad lo éramos.
Y era alucinante.
Abrazarte nerviosa pero sin miedo
con fuerza
para no soltarte nunca
y saber que tú nunca lo harías
hasta que lo hicimos.
Empezamos a caer de lo alto de la torre
y no pudimos ver que nos tirábamos desde castillos distintos
que gritábamos nuestros nombres desesperados
y buscábamos la mano a la que agarrarnos
y ya no era la nuestra.
De repente caímos al suelo
y nos rompimos en tantos pedazos
que nadie quiso recoger los destrozos.
Y ahí estamos
buscando la manera de recogernos a nosotros mismos
tan lejos el uno del otro
tan en distintos reinos
tan distantes
tan olvidados.
Hoy nos he soñado felices
y te he echado de menos
-claro que sí-.
Como te echo de menos siempre que no hay nada que ocupe mi
mente para no pensarte.
Te he echado de menos
y he echado de menos cómo me reía contigo
cómo me enfadaba y me besabas
y cómo posabas tus manos en mi cintura mientras me mirabas
así
como tú lo hacías
como nunca volverás a hacerlo
porque el libro
estaba en medio del bosque
de aquel incendio
y ahora
sólo somos lágrimas
y mucho polvo.
04 de marzo de 2015
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