Simplemente ocurrió. Las cosas cambiaron de un día para
otro. Así ocurría, las cosas siempre cambiaban de pronto.
Abril metió la pata hasta el fondo de un charco de arenas
movedizas que parecían hielo, ella sólo quería romperlo y ver qué había dentro,
nunca pensó que fuera a quemar tanto.
Pensó que todo se había terminado, que ya no había vuelta
atrás, que el hielo una vez se rompe sólo puede derretirse. Que los incendios
destruyen todo a su paso, sin piedad.
Pero todavía era primavera.
Lo que Abril no sabía, no lograba entender, era que, a
veces, las personas necesitan darle la vuelta a las cosas para que todo vuelva a
estar en su orden particular. Que a veces las cosas cambian muy de repente y
estallan, y hacen daño, porque no estamos acostumbrados a ellas. Pero luego
vuelven a cambiar, vuelve todo a estar como siempre estuvo, y eso no siempre es
de nuestro agrado. A veces nos gustan esos cambios y a veces no.
A Abril le gustaba. Pero no podía evitar recordar que hubo
un día en que fue invierno, y el invierno le dejó rota por dentro.
No podía evitar darse cuenta de que para la primavera
siempre quedan resquicios de otro invierno que no nos corresponde. Que no es
fácil entrar en un verano tan caluroso después de haber pasado tanto frío. Que
son situaciones que no entendemos, pero duelen. Sin razón. Y hay que soportar ese dolor.
Entonces Abril comprendió que aunque no le gustara, las
personas, a veces, necesitan guardar secretos, necesitan no gritar todo como lo
hacía ella. Que ella no es como todo el mundo, ni todo el mundo es como ella.
Abril comprendió que a veces hay que dar las gracias, simplemente, y no pedir
ninguna explicación. Y a veces hay que dejar de pedir perdón, y quererse.
Y no, teníais razón, no podemos pretender que las personas
sean más que eso.
Pero cuando te cruzas con alguien tan humano, te planteas
que las personas sean otra cosa. Y que ella esté por encima de todo eso.
Es muy difícil soportar el miedo a que se acabe la primavera
por culpa de un verano con rastros de invierno.
No podemos hacer más que eso:
abrazar las flores,
quitarles el frío
y esperar a que ocurra
lo que tenga que ocurrir.
Que mientras sea primavera, quedan muy lejos los inviernos.
Demos gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario