asfisxia

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23 de agosto de 2015

Historia de amor entre Abril y las flores: abrir las penas y abrazarse los ojos.



   Simplemente ocurrió. Las cosas cambiaron de un día para otro. Así ocurría, las cosas siempre cambiaban de pronto.
   Abril metió la pata hasta el fondo de un charco de arenas movedizas que parecían hielo, ella sólo quería romperlo y ver qué había dentro, nunca pensó que fuera a quemar tanto.
   Pensó que todo se había terminado, que ya no había vuelta atrás, que el hielo una vez se rompe sólo puede derretirse. Que los incendios destruyen todo a su paso, sin piedad.

   Pero todavía era primavera.

   Lo que Abril no sabía, no lograba entender, era que, a veces, las personas necesitan darle la vuelta a las cosas para que todo vuelva a estar en su orden particular. Que a veces las cosas cambian muy de repente y estallan, y hacen daño, porque no estamos acostumbrados a ellas. Pero luego vuelven a cambiar, vuelve todo a estar como siempre estuvo, y eso no siempre es de nuestro agrado. A veces nos gustan esos cambios y a veces no.
   A Abril le gustaba. Pero no podía evitar recordar que hubo un día en que fue invierno, y el invierno le dejó rota por dentro.
   No podía evitar darse cuenta de que para la primavera siempre quedan resquicios de otro invierno que no nos corresponde. Que no es fácil entrar en un verano tan caluroso después de haber pasado tanto frío. Que son situaciones que no entendemos, pero duelen. Sin razón. Y hay que soportar ese dolor.

   Entonces Abril comprendió que aunque no le gustara, las personas, a veces, necesitan guardar secretos, necesitan no gritar todo como lo hacía ella. Que ella no es como todo el mundo, ni todo el mundo es como ella. Abril comprendió que a veces hay que dar las gracias, simplemente, y no pedir ninguna explicación. Y a veces hay que dejar de pedir perdón, y quererse.
   Y no, teníais razón, no podemos pretender que las personas sean más que eso.
   Pero cuando te cruzas con alguien tan humano, te planteas que las personas sean otra cosa. Y que ella esté por encima de todo eso.

   Es muy difícil soportar el miedo a que se acabe la primavera por culpa de un verano con rastros de invierno.

   No podemos hacer más que eso:
   abrazar las flores,
   quitarles el frío
   y esperar a que ocurra lo que tenga que ocurrir.


   Que mientras sea primavera, quedan muy lejos los inviernos.
   Demos gracias.

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