Se me han agotado las ganas de tirar para adelante
porque mi paz interior ha entrado en guerra con mis terremotos exteriores
y llevo ya demasiado tiempo cruzada de brazos
- lo sé -
pero no puedo descruzarlos
porque tengo anudado el alma.
Me siento como si un tsunami lo hubiera arrasado todo aquel verano
como si de repente los destrozos estuvieran volviendo a la orilla de aquella playa
porque nuestro mar se cansó de besarlos.
Ahora estamos empapados
pero esta vez
sólo podemos culpar a la tormenta
y no a los polvos que nos hacían temblar.
Tengo arroyos en el pecho
que hacen que llore sangre
porque lágrimas
no me quedan.
Estoy aprendiendo el código morse de mis latidos
porque van a su puta bola
y ya estoy harta de sus incógnitas...
Y me ha dicho este corazón
que siente fuerte este dolor
y que no sabe cuándo dejará de estar triste
porque no encuentra motivos suficientes para hacerlo.
Yo insisto en que nada de todo esto es tan malo como parece
le susurro por las noches:
« todo va a salir bien »
pero él sabe que miento.
Sabe que digo la verdad al decir
que hay ahí fuera seres humanos menos vivos que nosotros,
pero sabe que miento cuando intento que crea que yo
también me lo creo
-que a partir de ahora todo irá bien aquí dentro-.
Sabe que yo sé que él no está bien
que yo estoy bien sólo a ratos
y eso no es suficiente para un corazón tan débil como este.
Que lleva más parches de los que debería
porque por cada tirita
se descicatrizan cinco puntos de sutura
y encima hay por ahí un quiénsabequé que se burla de él
y lo insulta.
Lleva tiempo volviéndose un corazón inerte
pero sigue sin conseguirlo
porque nosotros hemos sido siempre muy de que viva la esperanza
aunque esperanza nos desviva
y nos coma vivos.
No sé qué decir
más que quejarme
y más de una guerra me pondrá en su lista de perdidos sin combate
cuando escuchen mis sollozos
en plena pausa para besarse.
Pero es que ahora te he perdido
y aunque yo sé que así todo va a ser mejor
-a la larga-
él no lo entiende
y me insulta
y me agrede.
Pregunta «¿cómo has podido hacerme esto?»
(marcharme de ti, quiere decir)
y no deja que le responda.
En lugar de eso, él llora
y me hace llorar a mí
y hace que me pregunte en qué momento me olvidé
de cómo se hace
para ser feliz.
18 de enero del año 15, siglo XXI
Te encontré a través de Twitter y prometo que me ha encantado lo leído. Expresas las cosas de maravilla, me encanta. Me encanta esa manera de escribir y aquello que escribes.
ResponderEliminar¡Desde hoy soy una lectora tuya más!
Hola, Cynthia! Me emociona muchísimo leer eso! Mil gracias. Si quieres déjame tu Twitter y nos leemos :) ¡Un beso fuerte, ojalá verte por aquí más veces!
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