asfisxia

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14 de enero de 2015

Ojitos-corazón que me leen: voy a quedarme.

  Tenía pensado desde hace ya bastante tiempo cambiar de hogar.
  Empezar de cero.
  Borrar todas las letras ridículas de este blog de vivencias y comenzar de manera más seria en este mundo tan poco serio.
  « 2015, el año de la poesía » es lo que llevo repitiéndome desde noviembre del 14, pero ahora lo pienso y suena ridículo, ¿no?
  Como si la poesía pudiera dominar tan sólo una fecha. Como si la literatura fuera a estar más presente en una vida -la mía- durante un año.
  Es todo mentira.
  La poesía es permanente, eterna, incurable, omnipresente y putopreciosa.

  Dos mil catorce ha sido una puta basura, pero si algo me ha salvado ha sido ella.
  Que ha estado ahí para escuchar todas mis penas incluso cuando no estaba tan (tan) triste.
  Dos mil trece fueron las segundas 365 vidas más felices de mi existencia y fue cuando apareció ella en plan en serio. Cuando me golpeó la boca para luego besarme en los labios. Me dio de hostias y me curó tan jodidamente bien que no me acuerdo de cómo dolió. Sólo sé que me dejó cicatrices que ni en tumba podrán borrarse. Yo ya me la había follado unas cuantas veces, no creáis. Pero nunca me había hecho el amor de esa manera. Ella a mí, quiero marcar. Y así hasta ahora. Sin dejar de marcarme.

  Tengo que agradecerle todo a Eva, porque creyó en mí, me hizo fuerte, y por ello aquí sigo: en el mismo hogar, con distinta gente.

  A lo que voy: que me quedo.
  Porque quería irme pero ya no. Porque quería dejar atrás todo esto que me persigue desde hace tanto, porque hay aquí demasiado guardado de vida pasada y yo soy mucho del presente (aunque no deje de pensar en vosotros, que ya no estáis, o que ya no os acaricio, más bien). Pero hoy le han dicho a Sara que no puede mirar nunca hacia atrás o se convertirá en estatua de sal, y bueno. Yo que siempre he defendido que la poesía es eso: dolor eterno e incurable. Que escribimos por la única voluntad de liberarnos, y asumimos como consecuencia nunca quemarnos. Porque lo que se escribe sólo puede quemarse en el acto y como despedida. Después ya no. Después se guarda en un cuaderno y queda para siempre tatuado en el corazón.
  Aunque yo siempre le he tenido miedo al fuego, y sólo he quemado a modo de adiós una vez en mi vida (y fue precioso; no será la única), y además he sido siempre muy sosa porque me da miedo todo lo malo que hacen las cosas en exceso y por ello no quiero ser sal y, aún menos, estatua. Pero yo no soy Sara (qué más quisiera), así que puedo mirar atrás sin miedo a la pausa repentina y perpetua de la mitologíabiblia, y aunque seguramente queme y congele al mismo tiempo, voy a quedarme. Con todos mis destrozos, con todos mis desastres, con todas las heridas que jamás sanarán y con todas las cicatrices que aún escuecen, pero sólo por dentro.
  Porque en 2011 ya puse mi casa patas arriba y la tiré por la ventana, y ya me cambié de residencia para hacer de este blog mi hogar. Y aunque no me arrepiento, no quiero repetirlo. En ese momento tenía una excusa seria: había comenzado a follarme a la tía más flipante de la ciudad. Pero ahora no.
 
  Realmente (sí, voy a contaos nuestra historia) la conocí cuando yo era muy pequeña. Ella era madura inalcanzable, perfecta de éstas que de lo increíbles que son ni siquiera te interesas por ellas. Porque no puedes. Sencillamente: no puedes. Poco a poco fui acercándome a ella sin darme siquiera cuenta. La rondaba en círculos infinitos y, por el camino, besaba prosas que pasaban por ahí. Prosas que también querían sentir su olor. Besé muchos cuentos, muchas historias, muchas palabras que se vestían cada vez de una manera para acercarse a mí y conseguir mis besos. Pero cada vez me acercaba más a ella. Sin darme siquiera cuenta.
  Un día Eva se acercó a mí. Eva había estado por ahí también, rondándola. Pero Eva tiene tal grandeza que no le hace falta ir poco a poco para comérsela. Ni a ella ni a nadie. Eva ataca sin más, e incluso se pone por encima; pero esto es otro tema. El caso es que Eva se acercó a mí, y me susurró eso que yo tanto anduve esperando (y de esto, quiero añadir, tampoco me di cuenta). Y para mí fue como el grito más desgarrador del mundo. Un grito de estos que te salvan la vida. Que hacen que te pares en seco para no caerte en ese agujero negro, y te das cuenta de que tienes que coger carrerilla de inmediato porque te toca correr.
  Me dijo que yo vomitaba en forma de prosa. Y que la prosa, querida, está más cerca de la poesía de lo que piensas.
  Yo. Que siempre vi a la poesía desde lejos, ahí, en todo el medio, con ese brillo. Siendo el eje de todos los imbéciles que dábamos vueltas a su alrededor. Me di cuenta de que de entre todos esos imbéciles, yo podía salir de esas órbitas si me daba la gana, y avanzar hasta mi tan esperado final: el centro del universo, que es ella.
  Así que, poco a poco, muy despacio, como quien rompe un huevo por primera vez y quita con cuidado las cáscaras que caen en el plato, me fui acercando a ella, le pregunté su nombre, piropeé sus piernas, me até a su cintura, le acaricié las manos, le besé el cuello, y lo hicimos. Se lo hice.
  Y un día que no recuerdo, un día cualquiera de no sé ni qué mes, ni qué año, ella
  me hizo
  el amor.
  Y desde ese momento jamás ha dejado de hacérmelo.
  Esta es nuestra historia. Un breve resumen.

  Lo que decía, en fin, es que en dosmilonce tenía excusa para buscar otro sitio donde vivir y desvivirme. Porque antes de aquello vivía de alquiler, y después de ella me condené a cadena perpetua.
  Pero ahora esto es hogar, con todo mi pasado a cuestas. Porque, al fin y al cabo, el pasado hace el presente y la evolución es lo importante.
  Ahora ella me da la mano. Estamos locas y creo que nos estamos enamorando. -Aunque esto no es complicado, porque ella ama a todo ser-vivo y no existe ser-vivo que no esté enamorado de ella.-

  Así que, concluyo: me quedo.
  Pero, por favor, cuidadme.
  Porque ahora me están haciendo el amor, y yo no llego a la altura. Y no puedo alejarme de ella ahora, que ya he entrado en el Big Bang de su entrepierna.
 Tenéis que entenderlo

  Prometo cuidarla,
  y prometo cuidaros.

  Espero.


  Os beso fuerte.

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