Te convocan para una reunión en el Español de un día para otro y de pronto tienes entre tus manos un bebé inmenso al que acariciar y cuidar para que crezca lo más sano y fuerte posible.
Hay momentos en que algo en tu vida se estanca de una manera u otra, con más o menos motivos. Sientes que te falta algo y que nunca llegará el soplo de aire que necesitas.
Y de pronto, llega.
Llega Cristina llamándote por teléfono un viernes por la tarde para decirte que, aunque ninguna de las dos lo sepamos todavía, pronto seré su madre y será alucinante. Que reirá y me abrazará como nunca imaginamos, confiará en mí y nos lanzaremos al vacío juntas, seré su aprendiz y su discípula, nos mostrará el futuro y desearemos vivir en él.
Llega Enka con la sonrisa más bonita que puedo recordar cada vez que viajo al Limbo, y con un arsenal de abrazos de esos que cicatrizan todas las heridas. Me engendrará Alma en su propio vientre e intentaré estar a la altura, y me descubrirá con sonrisa de niña Candela abriéndome el pecho para entrar en ella.
Llega Rubén con una sonrisa de esperanza que no quiere terminar de salir por si acaso se gafa (pero se escapa), y con confianza ciega coloca en tu pecho a Alma, la niña más bonita de todos los tiempos, con 13.700 millones de experiencias por vivir, mariposas revoloteando por todo el cuerpo, mirada de caramelo y el nudo en el pecho más grande del Universo.
Y poco a poco van llegando todas las luces de este baile de disfraces, cada uno de los cinco elementos que resultaron ser mogollón más, las vidas que se escondían tras cada personaje:
Úrsula resulta ser la mujer fuerte y sensible que tanto ansié ser. La mujer que te enseña sólo mirándote, con la que conectas al primer instante, la que te libera del Limbo para darte una realidad mejor. Adoptará criaturas que jamás terminarán de agradecérselo suficiente y que se encargarán de tener siempre un café pendiente.
Dark, con la sonrisa de luz más brillante de la fiesta, pasa a ser el padre que siempre quise tener, un hombre de referencia y un maestro en mi camino. Me proporciona la confianza y la paz para afrontar la prisa de la creación, y me invita a nunca callar mi palabra sin darse cuenta.
Antoine me hace bailar con acento francés cuando el cuerpo se lo pide, y me remueve por dentro con cumplidos mientras admiro enormemente la pasión por el trabajo que cada día suma.
Ernesto me abraza y columpia la risa en cada mínimo atisbo de caída, con el vuelo del aire en la boca mexicana y el vuelo del aire en los respiros del agobio.
Beatriz me sorprende un poco más cada día, mostrando a pequeñas gotas la inmensidad que esconde su mirada. Me deja ser su Alma. Me reconstruye mientras canta y al olor de la hoguera me reconcilia conmigo, con las mías y con las nuestras. Provoca el clic que nos hace falta y me confía sus temblores mientras cuida de sus fantasmas con una sonrisa.
Electra llegará tarde porque lo bueno se hace esperar, e iluminará mi camino en este viaje. Guardará el cariño de un trillón de ángeles y volará tan alto que dejaremos de verla, pero nunca dejaremos de sentir que está. Nos prometeremos un reencuentro aventurado en su ciudad natal o en cualquier lugar del mundo, porque hay almas que se unen y no se separan.
Elena me mostrará la lágrima desde el primer instante, me enseñará la fragilidad de la valentía y sus capacidades. La elegancia en una imagen, la mujer inquebrantable.
Ahorcaré mi ser en el Ahorcado. Me desnudaré ante sus palabras para darles vida lo mejor que sé. Compartiremos preocupaciones y necesidades y me regalará siempre belleza en cada gesto. Será también otro maestro.
Kowalski descuadrará mis prejuicios y cada día me resultará más fascinante. Seré magia a su lado y me sentiré aún más pequeña en el mejor de los sentidos.
Max tocará las teclas universales con menos conciencia de la que cree. Me regalará junto a Beatriz la más pura emoción del enamoramiento. Me dará las alas y me anclará a la tierra a partes iguales para que no deje de volar sin recordar de dónde vengo.
(Esto último es algo que comparten varias luces en su efecto-reflejo a mi plexo).
El Mayordomo me dará la mano, haciéndome creer que es la simple marca del momento, y no me soltará ni un segundo en este viaje. Tendrá siempre guardada una sonrisa para mí, con la ilusión de un niño con máscara nueva; hará que aprenda de él sin darme cuenta, y me abrazará con todas sus fuerzas sin apenas rozarme. Compartiremos el duende y lo sacaremos a bailar continuamente.
Nos acompañarán siendo refugio Beatriz, Guillermo, Chema y Óscar. Tendrán siempre un abrazo para nosotras, una sonrisa en el pecho que contagiarnos, el alimento del cariño de un hogar.
Darán color y forma a todo esto Ana y Olga, Paco y Pedro, con todo un equipo detrás de cada una, y un millón de almas jóvenes ilusionadas que servían copas, dulces y daban vida en cualquier atisbo de oscuridad.
De pronto, un personaje impecable y apasionante se aloja en mis manos, y mientras le intento dar la mejor vida que sé darle, Alma se encuentra en una historia fascinante, y se ve rodeada de un equipo impecable, y apasionante, del que no puedo parar de aprender y al que no puedo dejar de agradecerle cada segundo que hemos compartido.
Por una eternidad de bailes más.
Os quiero de aquí al Limbo, como mínimo.
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