Hablo del
insomnio que me provoca pensar que no estás en mi cama. Hablo de las ganas de saltar por la ventana e ir a tu cuarto. Las ganas que me entran de subirme a un tejado y gritar que me he enamorado del chico de la guitarra, del chico que me acaricia y me hace grande, del chico que me araña y
me eriza la piel. Hablo del temblor cuando te beso, el temblor que sigue ahí, como el primer día, como si nunca se fuese a ir. Hablo de los nervios cuando te voy a ver.
Del cosquilleo en la tripa. De las mariposas que más que mariposas, son estampidas. De lo que
tus labios provocan en mi cuello y de las maravillas que logran hacerme sentir tus dedos. Hablo de que
tu sonrisa, al compás con
tu mirada y
tus caricias, con
tu espalda y tus lunares y la magia que tiene
tu voz... Que son mis inspiración, mi bolígrafo, mi papel; mis ganas de vivir, de viajar de tu mano... Mis ganas de hacerte sentir bien. Hablo de bromear desnudos, y reír desnudos, y
vivir desnudos. Hablo de soñar despiertos, de besarnos dormidos, de vivir soñando besos prohibidos. Hablo de fotografiar sentimientos y de plasmar momentos en líneas, en cuadros o en papeles en blanco. Hablo de aguantar
((juntos)) lo que malo, porque al final sólo se queda lo bueno.
Hablo... Ay. ¿Qué sé yo de lo que hablo?
Hablo de amor.
Sí, amor.
De ti hablo.
12 de Noviembre de 2012
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