Debilidad. Maldita hija de puta.
Yo, que siempre he ido de fuerte por la vida, que siempre he ido de Gin-tonic, o al menos de desear llegar a serlo. De las de chupitos de tequila, chupa de cuero, leggins y maquillaje exagerado. Siempre con una coraza por delante.
Y entonces llega ella, la hija de puta., y me ataca por la espalda. Y me devora. Me devora viva. Soy débil. Ahora lo sé. Llegar a ser una Gin-tonic es lo más difícil que he casi hecho nunca. Aunque quizás sea porque las Gin-tonic no existen. Quizás esa coraza es sólo eso, una coraza. Quizás no es eterna, o quizás no existen corazas para la espalda y cualquier hija de puta te puede atacar. O, quizás, decides ponerte la coraza en la espalda y dejar tu pecho descubierto para, al menos, ver lo que te viene; pero entonces llega un hijo de puta y te rompe el corazón después de mordértelo. Yo qué sé.
Y yo qué cojones voy a saber, si sólo soy Gin-ebra. Si me perdí en tus curvas, en tu tabla-chocolate, en tus malditos lunares y si contigo mi cabeza volvió loca. Yo qué cojones voy a saber si ya no sé ni lo que siento. Si sólo sé que te siento fuerte, que continuamente me dueles, que me muero si te pierdo.
Qué voy a saber, si soy Gin-ebra, a secas, como los chupitos de tequila que nos bebimos; secos, a palo, uno tras otro. Y abandonamos. Abandono. Porque Debilidad me atacó por la espalda y ahora ya no tengo coraza, ni siquiera tengo chaqueta de cuero. Ni fuerzas. Ni nada. SE ME PERDIERON.
Qué voy a saber si no sé ni cuál es el centro de mis delirios. Si sólo sé que deliro. Que soy más chica de lo que nunca he sido y yo lo que quiero es ser mujer. Y si ni a mujer llego, ¿cómo cojones voy a llegar a GIN-TONIC?
Nada. Abandono. Ya abandoné.
Mi delirio eres tú.
12 de Diciembre de 2012.
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