asfisxia

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7 de julio de 2012

Capítulo X de un libro que aún no existe.

 Jimena no encontró su tabla de salvación, el teatro la encontró a ella.
 Cuando habla del arte de actuar se me ponen los pelos de punta y los ojos se me llenan de lágrimas. Dice que no hay mejor lugar que un escenario, porque en él puedes ir al lugar que tú quieras. Cuando se sube a un escenario deja de ser Jimena y puede llegar a ser lo que quiera ser. Ha habido veces que ha llegado a representarme a mí, por hacer la tontería. Me imita de maravilla. Me interpreta mejor que yo mismo. Ha conseguido que deje de vivir deprimido y que todo me parezca bonito, sobretodo ella. El día que se enfadó conmigo me hizo darme cuenta de las cosas. Ha sido la bronca más bonita de mi vida. Su frase me marcó como ninguna; me dijo que parecía que había nacido en el Barroco, que cada día es una vida y que esperaba que en mi próxima vida naciera renacentista y me quedara así para siempre, que en el Renacimiento es todo más bonito, excepto el arte. Otro día, recordando aquella discusión, me dijo que para los historiadores el arte es más bonito en el siglo XVII, pero que para ella el arte es bonito siempre porque, al fin y al cabo, es arte. Yo tuve que informarme sobre el arte Barroco y Renacentista porque no sabía de qué me hablaba, y, cuando lo comprendí, mi mente dio un vuelco y cambié mi pesimismo de la noche a la mañana. Hay cosas que suceden de un día al otro, y otras que necesitan tiempo, y hay que saber cuándo va cada una.
 Cuando murió Ginés, por ejemplo, Jimena necesitó tiempo, mucho tiempo. Ahora lo pienso y me hace gracia, porque ella y yo cambiamos los papeles. Yo me volví optimista y a la semana de mi cambio, Ginés murió. Jimena estaba muy unida a él; era su padre pero tambén su amigo, su mejor amigo. Cayó en una depresión horrible, y estuvo así años... Yo siempre estuve con ella, ¿qué mínimo? Dicen que tienes que dar la felicidad a aquellos que te hacen feliz. Pero yo sé que, aunque la ayudé mucho, no fui yo quen la sacó de su agujero. Fue el teatro.
 Creo que desde que se dio cuenta de que el teatro era su tabla de salvación, vive en su propia película. Y no me parece mal, es más, me parece muy bien. Su película es mucho más bonita que la realidad. Por eso me he metido en ella. Porque son bonitas ella y su vida.
 Ahora cuando discute con alguien, sale de donde esté y se va al Teatro Reina Renacuaja. Unas veces compra entradas y ve alguna obra. Otras veces se lleva un libro y lee en una butaca, o en las escaleras del escenario, o en los camerinos. Tambén ha habido veces que se ha llevado una película y se ha colado en las bambalinas (a pesar de tenerlo prohibido) para proyectarla en el gran fondo blanco del escenario. Lo gracioso es que nunca la pillan, y si lo hacen, se escabuye. Puede pareceos una tonterúa que vaya a un teatro a hacer cosas que puede hacer en su casa o en un parque cercano, pero para ella es necesario. Lo que le consuela de verdad es ese ambiente a "mucha mierda" que se respira entre las butacas, sino no se quedaría tranquila del todo. La mayoría de veces no hace todas esas cosas (y tantas que aún no os he contado), la mayoría de veces actúa. Improvisa, como le salga en ese momento. Primero hace un papel similar a lo que le pase en la vida real para liberar tensiones, y luego el contrario, exactamente lo opuesto a sus sentimientos reales. Y se le pasa. Así, por las buenas, se le quitan los males y vuelve a ser feliz.
 Ella siempre va sola al teatro a hacer estas cosas, y si alguien insiste en acompañarla se enfada aún más. Cuando está mal le gusta verse a solas con el Reina Renacuaja y todo lo que él esconde. El escenario, las trampillas, las bambalinas, las butacas, los camerinos... El desván, las escaleras, ¡los telones!... La magia. No, a mí tampoco me lleva nunca. He ido muchas veces al teatro. Sí, la mayoría de veces he ido con ella. Pero no cunado estaba mal... Sé lo que hace porque me lo cuenta. Nada más salir de allí me llama, quedamos y me lo cuenta todo. Todo lo que ha hecho allí. El motivo del enfado nunca me lo cuenta porque sempre se le olvida al cuarto de hora de entrar al Reina Renacuaja. Es algo que me encanta. Consigue quitarse los males en sólo quince minutos de máximo, a veces menos. Yo antes no olvidaba nunca. Cuando me pasaba algo, me lo guardaba para siempre; no dejaba que lo malo saliera de mí. Para mí todo era feo, nada me gustaba. Hasta que llegó Jimena. Me enamoré y me enseñó a sonreír y a que me gustase hacerlo. Yo aún no he encontrado mi tabla de salvación, pero he encontrado cosas que me distraen... Como la pintura, el mar, tumbarme en el campo cuando llueve... Y sobretodo, Jimena.
 Ella es mi mejor distracción. Ella siempre ha dicho que mi tabla de salvación son todas mis distracciones, y cada día estoy más seguro de que tiene razón.

 Quedan tres minutos para que Jimena sea Julieta. Ha venido más gente que nunca. El Reina Renacuaja está completo y hay gente de pie porque no quedan sitios libres. Ha mejorado muchísimo desde que el teatro la encontró, desde que su teatro la encontró. Hoy es su gran día. Os diría que hoy empieza algo muy grande que nos cambiará, pero no puedo. Porque ya sucedió hace tiempo algo grande, y esto no sucede de un día para el otro. Esto necesita tiempo.
 Y yo, para Jimena, tengo todo el tiempo del mundo.





Trabajo para Literatura "Capítulo de un Quijote moderno".
Basado en mi propia tabla de salvación y gran sueño: El teatro.
A 18 de Mayo de 2012.




 Especial dedicación a un elefante;
Moisés.

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