He mirado a las mujeres con los ojos de quien nunca las miraría de esa forma.
Mientras, miraba a los hombres con los ojos de quien busca al príncipe azul de Cenicienta
creyéndose mejor que ella
y que cualquier otra princesa.
He buscado en los hombres la inocencia y madurez
aparentemente imposible
e inexistente
y la encontré, no creáis.
Me han gustado los hombres con sonrisa de niño
despreciando machichulos aparentemente seguros de sí mismos
con cuerpos de chocolate y altos como las Torres Gemelas
porque siempre supe que este avión
nunca acabaría chocándose contra ellas.
Me he tocado con porno lésbico desde que sé que existe
y nunca me ha excitado ver hombres sometiendo a mujeres
y mujeres finjiendo disfrutar con ello
-disculpad que generalice-.
He amado a un hombre con el que aprendí la fragilidad que se esconde tras las pulseras de pinchos.
Un hombre que juró hundirse si yo le dejaba por una mujer.
Y ahí está:
vivito
coleando
y dejándose llevar por cualquiera que se le pone delante.
El mismo que lo pasaba mal porque sus mejores amigos se reían de él cuando no follaba.
Con una mujer.
Claro.
He mirado a las mujeres con ojos de quien nunca las miraría de esa forma.
Porque me enseñaron que las cosas eran así.
He mirado a los hombres con los ojos de quien busca al príncipe azul de la Bella Durmiente
porque leí cuentos
en que la vida plena consistía en eso.
Encontrar un príncipe azul que cuidara de ti, princesa.
Y a mí que nunca me gustaron.
Contra todo pronóstico
me he fijado en los hombres que lloraban en público y me dedicaban palabras bonitas
porque encontraba en ellos algo distinto
que siempre me ha gustado.
He mirado a los seres humanos
como un día me dictaron que tenía que mirarlos.
La vida
con ojos de ser humano
colectivo
y social.
Pero yo nunca encajé en ese concepto,
porque miraba a los ojos en lugar de la nada,
y a veces encontraba vacío
pero otras, meteoritos
y primaveras.
Ahora miro a las mujeres con los ojos de quien ama
porque he descubierto todo lo que amarlas esconde.
Imagino sus cuerpos con la boca
de quien siente necesidad de morder
todo lo que se lleva a las manos.
Miro sus ojos
como quien observa el mar del norte
un día de tormenta.
Buscando naufragios para convertirme en paracaídas.
He mirado a las personas en busca de detalles que les identificasen,
he aprendido que hay que acariciar pulmones en cada mirada,
compartir oxígenos
como plantas sin fotosíntesis.
He aprendido que siempre supe dejar que cualquiera me arrancase un suspiro
a pesar de que el resto me dijera quién debía arrancármelos
porque siempre quise que fuera así.
Ahora he aprendido que sé amar cada rincón del planeta
y de los universos que hay detrás de cada piel.
He aprendido a mirar
como si cada segundo tuviera que erizarme la piel
y lo he logrado.
Miro a las mujeres con ojos de quien siempre supo mirarlas con esos ojos
pero nunca se dio cuenta
porque ninguna se le había puesto delante
y se había dejado mirar.
Vivo
con los latidos
de quien mira las pulsaciones
como un jodido milagro.
Y me maravillo
como si alguna vez hubiera tenido fe
en algo.
O en mí.
03 de febrero de 2016
bestial
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