asfisxia

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12 de enero de 2014

  Hoy se me ha olvidado eso de llevar la sonrisa seria por la calle, y voy enseñando los dientes y gritando con las pestañas que soy feliz porque vivo como quiero vivir. Que la libertad existe después de todo.
  Y si no existe es porque no queréis que exista.
  Yo me siento libre a todas horas menos cuando no me siento libre, esos momentos en que considero que tengo fiebre porque no puedo estar delirando de esa manera. Y los delirios en realidad son mi entretenimiento mejor.
  Me siento libre porque es libre como me quiero sentir. Porque dentro de esta cárcel llamada país hay vuelos al resto del mundo, y en Madrid no existe esta cárcel. Porque hay cielo sobre mi cabeza. Porque, aunque no lo queramos ver, hay más allá y somos poseedores de esto (si es que poseemos algo).

  Yo soy libre porque sonrío, porque le miro a los ojos y me siento libre, porque la libertad me gusta y me pone.

  Me gustan las prisas. No me gusta ir con calma a ninguna parte (sólo estar en calma), y odio escribir fuera del papel porque no se refleja mi mala letra de cuando estoy inspirada y no puedo pararme a que quede bonito. Aunque, he de decir, luego siempre lo pase a limpio. Excepto los errores, que los guardo sin más para recordarme que no soy tan buena como a veces pienso y para recordarme (también) que los errores son la libertad más transparente que tenemos.

  Me gustan las contradicciones e ir a contracorriente que el resto, como cuando voy e el metro y todos vienen cuando yo voy. Me gusta el pitido de despedida y el sonido agudo y grave cuando las vías son invadidas por el tren.

  Y quiero uno de esos amores de estación que te hacen sentir libre porque son a base de miradas y ahí nadie miente a nadie,
   aunque lo intenten.                                                           


20 de diciembre del año 13

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