Todo el mundo intenta ser perfecto alguna vez, aunque no se dé cuenta.
Todo el mundo critica sin conocer, y eso es algo en lo que me he fijado tarde.
Todo el mundo sabe que el mundo es redondo y gira alrededor del Sol, aunque muchos piensen que el mundo gira a su alrededor.
Me han enseñado que en la vida nadie gana ni nadie pierde, se juegue al juego que se juegue. Que cualquiera puede correr cien kilómetros si se lo propone, y cualquiera puede ganar un Goya, un Óscar, o un premio de consolación.
He aprendido que si te tiras una hora viendo videos de poesías que marcan a jóvenes soñadores y adultos cuales críos te puedes poner tan sensible que te den ganas de irte al fin del mundo y gritarle: "¡Y ahora, ¿qué?!"
Que puede que los haya mejores y peores, pero que en tu vida tú siempre tienes que ser el mejor en todo, o estás perdido. Que debes pensar en ti. Que como escuché en una canción, tu vida tiene que girar en torno a los demás sin dejar de pensar siempre en ti.
Que a nadie se le hunde el barco o se le estrella el avión si uno no quiere, y que si eso ocurre es por simples efectos del subconsciente, efectos a remontar. Que el subconsciente es el único cuerdo del asunto y que siempre hay que hacer caso a los sueños que te hace pasar, sean buenos o malos; sueños.
Todo el mundo tiene fines en la vida difíciles de alcanzar, pero nunca imposibles. Porque yo también creo que nada es imposible, sino improbable. Y puede que mi estilo de vida sea muy filosófico, y que mi filosofía de mundo esté amañada, pero es lo que pienso, lo que soy, y nadie puede cambiar a nadie si alguien no quiere. Que por mucha influencia que haya en el mundo, el mundo va a su puta bola. Que te puedes morir mañana y hoy, en vez de vivir, estás tirando en el sofá preguntándote por qué la vida te trata mal, cuando te tratas mal tú solo. Y que el primer punto de mi lista de Cosas que hacer antes de morir es VIVIR, no sólo porque lo vi en uno de los mejores anuncios publicitarios del mundo, sino porque me he dado cuenta de que el mundo no vive todo lo que tiene que vivir hasta el día de la muerte. Porque es algo que llegará aunque nadie o todos lo quieran, y quien lo desee no es persona, es inepto.
Que da igual si las palabras las recitan mis labios o mis dedos. Que no es lo mismo un “te quiero” escrito que un beso. Y que todo aquel que hable de imbéciles en el mundo se describe, pues todos somos idiotas jugando a improvisar. ¿Crees que sabes lo que es vivir? No entiendes ni la mitad de este dilema. Y puede que nadie haya tocado ciertos temas por miedo a caer. Me han enseñado que si no arriesgas no puedes perder nada, que no ganas si tienes miedo de perder. Me dan ganas de subirme al punto más alto de Madrid y gritar que es la ciudad más bonita del planeta, aunque no lo sea, pero que nadie es bonito dentro de ella. Y quiero cumplir esa lista que nombré empezando por la palabra número 366 de este texto. Que de seguro que hay alguien que te quiere más que yo, pero no se ha dado cuenta. Porque no existe una naranja perfecta sin ser cortada primero. Que es posible que yo no valga para esto, pero lo intento.
Que en catorce años he ganado tantas cosas que yo misma me sorprendo, que he perdido otro tanto; y aunque a veces lo hago, no me arrepiento. Que ninguna de estas palabras son reales, porque la realidad no existe. Y puede que haya millones de incultos que opinen que la vida no es sueño, y que el cielo es siempre negro. Me gusta pensar que si Dios no existe, cual Reyes Magos, son los padres, al igual que millones de cosas en el mundo (mis padres, o los tuyos).
Me pregunto por qué todos los refranes tendrán siempre razón y por qué la gente se empeña en distorsionarlos hasta acabar con ellos. Empiezo a creer que el mundo tiene falta de dióxido de carbono. Y opino que los mejores argentinos siempre son escritores, y que los mejores indios tienen su propio idioma. Que alguien tiene que haber en el mundo congelado porque un día se le ocurrió soltar que quería morir como Walt Disney; rico.
Que eso de "¡Fuck yeah!" sólo se lo pueden aplicar aquellos que realmente tengan cojones para decirlo, bien o mal. Que nadie cocina mejor que tu madre, pero ni ella lo hace mejor que tu abuela. Que lo realmente bueno te pone los pelos de punta, y la sonrisa de caricatura.
A veces se me nublan los ojos, y suelen ser las lentillas. Mantengo mis dientes brillantes aunque tengan ese color amarillento que el mundo me ha dado, por el simple hecho de que los muestro a todas horas y me gusta que gusten.
Y nadie se da cuenta de que el mundo es diferente y raro, y sino no tendría gracia. Que si vas por la calle y te fijas, ves las miles de maneras de andar que tiene la gente, las diferentes ropas que gastan, los pelos que llevan; y se sienten bien.
Colocarse en un punto, saltar, caer. Sólo para levantarse y reír con fuerza, que te oigan en la otra parte del mundo que intento describir quedándome corta.
Y yo, personalmente, llevo siglos queriendo tantas cosas que ni me acuerdo. Y algún día las conseguiré, al menos las que están en mi lista, pues tengo fuerza para ello.
y esto no es todo.

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